Carta respuesta a Eduardo Arteaga, gerente general ATI

Respuesta de la geóloga Joseline Tapia y otros cinco investigadores a réplica de ATI

Los investigadores que realizamos el estudio publicado en la revista PeerJ (Geologic and anthropogenic sources of contamination in settled dust of a historic mining port city in northern Chile: health risk implications) hemos decidido responder a la réplica que hace “Antofagasta Terminal Internacional” (ATI) –y que firma su gerente general, Enrique Arteaga–, a la columna publicada en CIPER el 18 de junio titulada Puerto de Antofagasta: Un dispositivo urbano que intoxica, la que cita nuestro estudio.

En esa carta se vulnera la calidad de nuestro estudio, debido a que la mayoría de las críticas allí expuestas evidencian una falta absoluta de comprensión de lectura y carecen en gran medida de base científica.

A continuación, explicamos punto por punto al representante de ATI por qué erra en sus críticas a nuestro estudio:

1-. El representante de ATI dice en su carta:

“Este diagnóstico es equivocado y hace juicios sin respaldo técnico”.

En relación con los comentarios técnicos de la columna basados en nuestro estudio, hay que considerar que este fue publicado en una prestigiosa revista científica internacional (PeerJ). Adicionalmente, durante el proceso de aceptación de esta publicación, nuestro trabajo fue revisado en detalle por cuatro expertos internacionales en el tema de estudio (incluyendo el editor Todd Anderson). Nuestro trabajo genera conclusiones en base a una metodología de análisis estándar, sólida y validada científicamente.

2-. El representante de ATI dice en su carta:

“No hay evidencia que permita relacionar la presencia de material particulado sedimentado en la ciudad ni con la operación del Puerto ni con efectos para la salud de las personas”.

Los resultados de nuestro estudio demuestran y ponen en evidencia el claro aumento de las concentraciones de contaminantes cerca del Puerto. En él se descarta que la fuente de esos contaminantes sea de origen natural (por ejemplo, de las rocas que se erosionan y contribuyen a la geoquímica del polvo).  Por otra parte, el polvo presenta biodisponibilidad para arsénico, plomo y cobre, lo que es potencialmente riesgoso para quienes lo consumen (generalmente niños de menos de seis años, ya que son quienes tienen más probabilidad de ingerir polvo).

3-. El representante de ATI dice en su carta:

“No se toma en consideración la existencia de pasivos ambientales”.

El estudio realizado hace una comparación de la geoquímica del polvo con la geoquímica de las rocas de la ciudad de Antofagasta. NO es un estudio de pasivos ambientales.

4-. El representante de ATI dice en su carta:

“Sin línea de base y trazabilidad”.

Nuestro estudio ES una línea de base. Considerando que el clima de la ciudad de Antofagasta es desértico y que el desarrollo de suelo es escaso (sin actividades antropogénicas), la geoquímica del material superficial de la ciudad debiera reflejar esencialmente la geoquímica de las rocas de Antofagasta. Por otra parte, no entendemos a qué se refiere con trazabilidad.

5-. El representante de ATI dice en su carta:

“Omitiendo toda perspectiva histórica respecto de los pasivos ambientales”.

Insistimos, el nuestro NO es un estudio de pasivos ambientales. Se recomienda comprender bien la publicación antes de hacer tales críticas.

6-. El representante de ATI dice en su carta:

“Es decir, en su columna, los autores apelan a un estudio que tiene errores de metodología”.

Una publicación científica de la categoría de PeerJ pasa por diversos filtros de revisión de pares y editores para ser aceptada y publicada. Estas revisiones son hechas por expertos mundiales en temas de polvo y contaminación ambiental. Se plantea una hipótesis y se genera una conclusión. Lo que se realiza, se detalla y debe ser demostrable. Por lo tanto, de haber errores en la metodología de trabajo, los revisores del manuscrito –expertos internacionales en la materia–, lo hubiesen advertido desde un principio y el estudio no habría sido aceptado.

Nosotros utilizamos la metodología numérica que se usa habitualmente en estudios de contaminación ambiental (índice de geoacumulación) y determinación de posibles fuentes de elementos químicos (factor de enriquecimiento). Para eso confiamos en los datos existentes obtenidos por el Instituto de Salud Pública y el Colegio Médico. Si ATI piensa que los errores metodológicos provienen de estas instituciones, la empresa está poniendo en duda a las autoridades en materia de salud en el país.

7-. El representante de ATI dice en su carta:

“Descartan la información objetiva respecto de la situación del Puerto”.

¿Cuál información objetiva respecto de la situación del Puerto?, si ni siquiera se puede entrar libremente para tomar muestras.

A grandes rasgos le comentamos que el objetivo general de nuestra publicación en PeerJ NO es criticar directamente a la empresa ATI, sino que identificar si el polvo que se acumula en las paredes y ventanales de la costanera de Antofagasta se relaciona o no a procesos naturales de meteorización de rocas.

Las conclusiones de este trabajo son contundentes: indican que las rocas del basamento de Antofagasta NO explican las concentraciones de arsénico, cadmio, cobre, molibdeno, plomo y zinc en el polvo, y que la contaminación es mayor cerca del Puerto. Ante ello, proponemos a los concentrados de cobre y de plomo como potenciales fuentes de estos metales.

Si ATI realmente desea entender la influencia de los pasivos ambientales en la geoquímica del polvo, tiene que invertir en realizar estudios en base al método científico. No basta con mediciones aisladas ni comparaciones antojadizas. Una forma de estudiar los pasivos ambientales del Puerto sería a través de geoquímica de calicatas datadas y una de las formas más efectivas de determinar las fuentes de elementos contaminantes es a través de análisis de isótopos.

En nuestro trabajo se insiste que son los acopios de la ATI los que podrían causar estas anomalías geoquímicas. En estricto rigor NO es el Puerto, son los acopios.

Está en la ATI la decisión de seguir o no almacenando concentrados en el centro de la ciudad, muy cerca de jardines infantiles y colegios, al costado del mall, de la Clínica Antofagasta, del parque de juegos infantiles de la Avenida Brasil y de complejos de departamentos, entre otros.

Para finalizar, agradecemos la información que proporciona ATI respecto de las mejoras recientes dentro de las operaciones del Puerto y la salud de sus trabajadores. Sin embargo, nuestro estudio se realizó fuera del Puerto, donde vive la población de Antofagasta.

Los estudios científicos se pueden invalidar en base a la misma ciencia y no con críticas ligeras que demuestran una débil comprensión de lectura sobre el contenido y objetivo de la publicación. Es importante notar que las críticas hechas por el representante de ATI a nuestra publicación son muy generales y pueden ser descartadas fácilmente.

Si ATI desea que se entienda el contexto histórico del Puerto y sus pasivos ambientales, debe realizar estudios serios. Nos referimos a investigaciones basadas en el método científico donde se genere una pregunta de investigación que se resuelva a través de hipótesis de trabajo y no a través de críticas sin fundamento. Los estudios científicos y la información que estos generan son claves para la toma de decisiones. En este caso, decisiones tan importantes como qué ciudad queremos para vivir.

Quienes firmamos esta réplica, la queremos sin contaminación.

Joseline Tapia, PhD, geóloga, Universidad Austral de Chile; Cristina Dorador, PhD en Ciencias Naturales, Universidad de Kiel, Alemania, profesora asociada, Universidad de Antofagasta; Chris Harrod, PhD, Instituto de Ciencias Naturales Alexander Von Humboldt, Universidad de Antofagasta; Rodrigo Orrego, PhD, Instituto de Ciencias Naturales Alexander von Humboldt, Universidad de Antofagasta; Andrei Tchernitchin, presidente Departamento de Medio Ambiente, Colegio Médico de Chile y Aliro Bolados, presidente Regional Antofagasta Colegio Médico de Chile.